A principios de octubre tomé la foto que
acompaña este artículo en una parada de buses en Israel, en la curiosidad de si
acaso también en el extranjero existen paradas con bibliotecas abiertas y sin
controles, tal que permiten a los viajeros ojear libros o leerlos mientras
esperan el autobús.
Una nación tan cultural como la hebrea
debería ser motivo de encomio e interés por parte de la agencia de la ONU
supuestamente dedicada a la promoción de la cultura, como es la UNESCO.
Después de todo, se trata del país con la
segunda tasa mundial per cápita en compra de libros, y la primera en
publicación de papers científicos, en cantidad de museos, en número anual de
descubrimientos científicos, en proporción de ingenieros, de egresados
universitarios, y de emprendimientos biotécnicos. Israel encabeza todas dichas
nóminas, y ostenta una de las más altas proporciones de Premios Nobel, siendo
además la única nación en la historia que logró hacer revivir una lengua
antiquísima. Debería ser casi un paraíso para la UNESCO ¿verdad?
La agencia, supuestamente también dedicada
a la ciencia y la tecnología, debería difundir el ejemplo de Israel, uno de los
ocho únicos países con capacidad de enviar satélites al espacio, y el que
produce el número más alto de patentes de inventos, sobre todo las de equipos
médicos.
Las estadísticas deberían deslumbrar a la
UNESCO, ya que el Estado judío es líder mundial en cantidad de científicos y
técnicos que integran su fuerza de trabajo (145por cada 10000 personas, en
comparación con EEUU con 80, Japón con 70, y Alemania con 60).
Nada de eso. Desde este mes, la UNESCO se
ha transformado una enemiga declarada de Israel, país cuya historia se empeña
en obliterar.
Es cierto que ya hace por lo menos medio
siglo que la ONU viene siendo manipulada por una petromayoría que la impele a
declarar peligrosas necedades (cabe recordar que las censuras de la ONU en
materia de Derechos Humanos se concentran casi exclusivamente en Israel, que es
condenado más que todo el resto de los países del mundo juntos). La ONU
proclama así que toda la maldad del mundo está concentrada en el Estado judío,
y convoca para justificar la difamación a testimonios ecuánimes que son perlas
de Derechos Humanos como los Estados de Irán, Qatar, Siria, y Sudán junto a
otras vibrantes democracias de similar calibre.
Es cierto, decimos, que la demonización del
judío es rutina en la ONU, pero convéngase en que la última declaración de la
UNESCO constituye una despreciable escalada.
En una votación de mediados de octubre se
aprobó por 23 votos a 6, y con 29 abstenciones o ausencias, que el Estado
hebreo no tiene ningún vínculo histórico con la ciudad de Jerusalén, ni
siquiera con el Monte del Templo o con el Muro Occidental (de los Lamentos). En
todos ellos Israel es imputado como «potencia ocupante».
Los seis votos en contra fueron de Alemania,
Estados Unidos, Estonia, Lituania, los Países Bajos y el Reino Unido y, en
general, el resto de los países europeos(España y Francia incluidas) se
abstuvieron, lo que en este caso dista de ser consuelo: una declaración tan
absurdamente nefasta no merecía sino un estruendoso rechazo. Aunque no fuera
más que para, de una vez por todas, hacerles saber a los islamo-fascistas que
no lograrán excluir a Israel de la familia de las naciones, y que la
cleptohistoria que perpetran día a día debe ser condenada como incitación a la
violencia.
No fue así.
Se aprobó la declaración propuesta por
siete países árabe-musulmanes que vitupera la «ocupación de Palestina»
(recordemos que llaman «liberación de Palestina» a los crímenes del Hamás y
otras bandas), y que incluye en su texto, bajo la mendaz «ocupación», al
corazón de la historia judía. En esta ciudad, dice la UNESCO, no hay rastros de
algún vínculo histórico del judaísmo (ni de los derivados en el cristianismo
con la ciudad de Jerusalén). La ciudad del rey David y de los salmos, de los
macabeos y de los sabios talmúdicos, ha pasado a ser puramente islámica.
Habrase visto tamaño despojo, unasco.
La retahíla «deplora, lamenta
profundamente, demanda de Israel, reprocha, reconviene, condena, exhorta, exige
de Israel», sólo de Israel y de nadie más por supuesto, en unas 2300 palabras
en las que el Estado hebreo es mencionado cuarenta veces, casi siempre de modo
insultante. En El mercader de Venecia, el nombre Shylock es muchas veces
acompañado por epítetos como «perro» o «diablo».
Quince de las ocasiones en las que aparece
Israel en unasco, su nombre es seguido con la descripción repetida hasta la
náusea de «potencia ocupante». ¡Ocupante, en la ciudad fundada hace tres
milenios por el pueblo judío, el que se mantuvo privativamente leal a ella
durante toda la historia!
Unasco increpa a Israel por su «violencia
contra civiles, su negativa, su obstinación, su maldad, su presencia».
No hay muchas soluciones
De nada sirve que la directora general de
la agencia, Irina Bokova, haya expresado su desacuerdo con la declaración, ni
que México decidiera substituir su apoyo al oprobio por una mera abstención, ni
que Israel anunciara que deja de colaborar con la organización.
De nada sirve, porque hay tres moralejas de
esta declaración que encandilan.
La primera: puede verse a las claras cuánto
puede confiar Israel en que «la comunidad internacional» actúe en aras de
solucionar el conflicto, o garantice sus básicos derechos, cuando unasco
pisotea incluso la historia más elemental.
La segunda: en la ONU hace falta un
accionar de raíz, que priorice a las naciones democráticas y excluya de la
plena membrecía a las dictaduras medievales que hoy en día le dictan el rumbo.
La tercera: la guerra contra Israel, más
que contra su futuro, se libra eminentemente contra su pasado. Demolerlo es el
gran primer paso, el indispensable trampolín, para lanzar la embestida final
que los bárbaros planean sobre nosotros, mientras los tolerantes
librepensadores prosiguen criptodinos e inertes, ocupados exclusivamente con la
ocupación.
Hemos argumentado que el antisionismo es
una de las fuerzas más retrógradas y destructivas que existen. Se trata de un
dique contra el progreso de la humanidad, y está anclado en la UNESCO y otras
agencias de la ONU.Impide que la comunidad internacional se dedique a
contrarrestar la esclavitud de niños, la violencia contra la mujer, la defensa
de los más básicos Derechos Humanos, porque todo ello queda postergado tras el
designio de exorcizar este planeta del sacrilegio sionista.
Refutar una declaración como la mencionada
unasco es un fútil ejercicio, tal como sería intentar explicar que existe una
relación entre España y el Quijote o entre China y Confucio.
No hace falta refutar unasco para no caer
una vez más en la recurrente trampa de colocar a Israel en el ubicuo banquillo
del acusado que siempre debe autojustificarse.
La respuesta ante la resolución debería
focalizarse, en vez de ello, en analizar el modus operandi de la judeofobia y
de la llamada «causa palestina», que comienzan por deslegitimar al judío y
robarle su historia.
Después del embate teórico -«Israel es
acusado de racista, apartheid, nazi»- se procede a proveer a los violentos de
un arsenal en el cual ampararse para asesinar. Después de todo, si los judíos
somos maléficos expoliadores, ¿por qué no habrían de atacarnos?
En Israel, el consenso ante Unesco fue
notable. El entero espectro político concordó (o digamos casi entero, porque la
unanimidad no existe en este país). Para el israelí promedio la unasco ha
perdido su legitimidad. No promueve ni la ciencia ni la cultura que son los
objetivos para los que fue establecida. Al igual que la ONU en su conjunto, ha
pervertido sus metas y ha pasado a ser una promotora de violencia contra
Israel.
Y no hay esperanzas de que la ONU y sus
agencias mejoren, hasta tanto los tiránicos regímenes que violan unánimemente
los Derechos Humanos, no sean colocados en el lugar del acusado, en lugar de
permitirles apoderarse del rol de gran mandón de los foros internacionales.
No habrá esperanzas, insistimos, mientras
la ONU siga manejada, no por las paradas de bus con bibliotecas y los
institutos de tecnología avanzada; no por las mejores universidades y los
teatros y los libros; sino por los oscurantistas que decapitan apóstatas y que
asesinan por «honor familiar»; por jeques, reyezuelos y tiranos que demonizan
al judío para seguir impidiendo el avance de la humanidad y su prosperidad.
La perversión de la UNESCO
01/Nov/2016
PorIsrael, Gustavo D. Perednik